Crimea, Ucrania, los rusos, los enterados y la madre que los parió

Me había propuesto no escribir sobre el asunto de Ucrania, al menos mientras estuviera caliente la toma del poder por los pacíficos manifestantes de la plaza Maidan. Mantuve firme ese propósito mientras se complicaba la situación en Crimea y hoy, coincidiendo con el referéndum sobre la anexión a Rusia, me decido a escribir estas líneas.

Vaya por delante que mi posición es clara, y así la he defendido en Twitter (dentro de las limitaciones de esa red social): El aspecto más grave del problema es, en mi opinión, la materialización del ascenso del nazismo y el apoyo recibido por parte de la UE y en general lo que los “todólogos” llaman Occidente (así, con mayúsculas).

Ucrania es un ejemplo de estado que nunca ha tenido una definición clara y duradera en la historia. Desde el origen tártaro (o tátaro como dicen algunos enterados) el sometimiento a la Rusia zarista y las posteriores anexiones territoriales de la época soviética, ha tenido una configuración demográfica bastante compleja.

Que en los territorios del este y el sur, incorporados a la república de Ucrania en los inicios de la revolución rusa, así como en la península de Crimea, anexionada en 1954, la mayoría de los habitantes sean de origen ruso, hablen ruso y se consideren rusos, es algo que cae por su propio peso.

El fenómeno del nazismo, sin ser nuevo en Ucrania, ha crecido en los últimos años, alentado por la situación económica, hasta el punto de que un partido como Svoboda, que sonrojaría a estos ultraliberales de VOX y al ala dura de la derecha del PP, consiguió en las últimas elecciones algo más del diez por ciento de los votos. Estos cachorros de Hitler, junto con los radicales de Pravy Sektor (que me recuerdan mucho a los camisas pardas de las SA de la Alemania nazi) controlan hoy cuatro ministerios, la Fiscalía General y el Departamento de Seguridad Pública de la Ucrania post-golpe. 

Que Europa cierre los ojos, como ya hizo en 1933 con el ascenso de Hitler, es para echarse a temblar. Pero que la izquierda pase de puntillas por el asunto, con la excusa de que es muy complejo es de preocupar seriamente. El colmo es que tengamos que escuchar que hay que adoptar una actitud equidistante, porque Putin es tan malo o peor que Obama.

No, en un asunto como el repuntar del nazismo en Europa, no son posibles las medias tintas, hay que acabar con la serpiente sin dejar que termine de salir del huevo o volverá a organizarla como sucedió hace setenta años. Y no me vengan con que Ucrania es una democracia y la decisión de los ciudadanos de Crimea es ilegal. Que son cosas que ya no cuelan.

En cualquier caso, con Crimea dentro o fuera de Ucrania, el problema de fondo continúa mientras se mantenga el gobierno golpista de Kiev.

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